La bacteria que no quiso esperar - Egipto

Egipto significó el relanzamiento de las aventuras en familia y la primera con 4 niños en ese momento con edades entre 1 a 10 años (para ser exacto 1, 4, 8 y 10). El nivel de ansiedad era por decirlo de manera simple, interesante. En nuestro proyecto de viaje teníamos en claro que había una muy alta probabilidad de que alguno tuviera problemas gastrointestinales durante nuestra estadía en el Norte de África. Éramos concientes y nos habíamos preparado para la posible contingencia. Son los riesgos mínimos a tomar como viajeros. Pero no estaba para nada en los planes lo que finalmente sucedió.

La noche previa a la partida estábamos en el departamento del tío Gustavo en Buenos Aires. Al día siguiente a las 9am nos pasarían a buscar 2 taxis (ya no entrábamos en uno solo) para llevarnos al aeropuerto internacional. Hasta ese momento todo bien. A eso de las 4 AM ese sexto sentido que tenemos lo padres me despierta y escucho respirar de manera extraña a Sabrina, me levanto, me acerco y veo que se revolcaba en el sillón donde dormía, la trato de despertar y comienza a vomitar (sobre el sillón del tío Gustavo!!). Desde ese momento se desata el caos general porque con diferencias de 20 – 30 minutos todos comienzan a vomitar y a tener diarrea, salvo por el momento Alejandra pero incluido yo. No es fácil de describir ni agradable para el lector dar detalles de lo que fueron esas horas. En un momento los teníamos repartidos en el departamento, sentados en el piso sobre papel de periódico y un trapo en mano para absorber el remanente de vómitos. Recuerdo que cerca de la 8hs llamo mi suegra para saber como estábamos... yo miraba el caos y le decía calmadamente al teléfono “Bien... todos re contentos... esperando los taxis”. Me mediqué rápidamente (Ciprofloxacina) ya que los síntomas eran muy claros y el “comandante” no puede caerse. De ninguna manera nos íbamos a quedar (lo que hubiera sido lo mas lógico, para gente normal como nos dijeron). Tratamos a los niños con lo básico en estos casos, ordenamos y limpiamos todo lo que pudimos (Carlos el portero se encargaría del resto), tomamos prestadas unas toallas y partimos.

El trayecto en taxi fue también caótico y la cola para el check in de Alitalia ni hablar, eran corridas al baño, Tomás (1) que no paraba de vomitar, etc. Se sumó a las complicaciones que en los controles tuvimos que dejar las botellas de agua con las sales de rehidratación, no hubo forma de que entendieran que no eran explosivos...

Subimos al avión y cayó también Alejandra que era la única que venía mejor. De ahí en más era un “circo”. Matteo se negó a perderse la comida del avión (le encanta). Era (por decirlo así )cómico o tragicómico porque comía con la bolsita para mareos del avión en la mano y cada rato salía corriendo al baño pero al menos estaba feliz porque comió lo que pudo.

Llegamos al Cairo en una situación lamentable pero la alegría de llegar y la adrenalina del viajero son la cura más rápida. Activamos el seguro de salud y un médico Egipcio nos controló y complementó el tratamiento que ya teníamos en marcha. Al otro día de nuestra llegada estábamos, con un sol que parecía un soplete, en las Pirámides, un poco débiles pero contentos. Nunca supimos bien qué fue lo que comimos y que nos contaminó en masa. Paradójicamente no tuvimos ningún problema más de salud durante todo el viaje y probamos todo lo que pudimos. Es muy posible que si nos hubiéramos quedado habríamos terminado internados. Las ganas de estar bien y el mundo por delante fueron más fuertes que las bacterias.


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