El Padre Pedro y su milagro terrenal llamado: AKAMASOA...

Mis palabras no emergen de lo leido, visto o comentado previo al encuentro, emergen de mis sensaciones durante y despues de conocerlo en persona.
El es ejemplo de que la grandeza y simpleza, no solo pueden convivir, sino que generan un efecto tan luminoso, tan potente, que tendemos a llamar milagro, pero que, mas allá de como querramos verlo, en este caso, es fruto del amor incondicional, la pasión y el coraje, condimentados con humildad y alegria.
Con bajas expectativas hace unos años escribí a un correo pidiendo la posibilidad de que, si íbamos por Magadascar, pasar a conocer la obra de un tal Padre Pedro, el argentino que según los medios (asi nos enteramos de él) estaba haciendo milagros para revertir la pobreza en Magadascar.
Cosa rara que somos los argentinos... pero eso es para otra reflexión.
Recibí una amable respuesta y me contactaron con su adorable hermana Bernarda, a quien pude contarle sobre nosotros y explicarle que simplemente queriamos pasar a conocerlo, con unos minutos de su tiempo ya seríamos felices. En ese entonces se cayo el proyecto de viaje, más alla que no llegábamos con el presupuesto, no era bueno ir en época de ciclones. Como si tuviera que ser, este año partimos lo mismo, con bajo presupuesto y en epoca de ciclones, pero gracias Dios y el universo, lo único que se nos voló, fue el corazón y muy alto, y no por el viento, sino por esa fuerte energia que emite Akamasoa, la obra del padre Pedro Opeka.
Akamasoa en malagasy (idioma local) significa "Buenos amigos" y es otra prueba más que el significado de la palabra imposible, es relativo. El antes y el después, los números de personas que de alguna manera cambiaron y cambian sus vidas al pasar por allí es difícil de creer para algunos, de entender para otros, como ser nosotros, ya que, más alla de todas las publicaciones periodísticas y reportajes que describen la obra, hay que recorrer la inmensa Akamsoa, otrora un inmenso basural que va desapareciendo, para poder dimencionar esta gigantesca obra que no busca ser asistencialista, sino impulsar a salir de pobreza con educación y trabajo duro. Con diciplina y alegria. Alegría que nos cubrió desde el primer momento, sumergiendonos entre los miles de niños (sí, miles) asistiendo a clases, identidicados por los colores de sus guardapolvos, segun el nivel, todos con una sonrisa dibujada en su rostro.
Aqui el cariño no es teórico, es práctico y palpable, los apretones de manos y los abrazos son constante, continuos, sinceros y amorosos. Me quedaría mas claro de donde viene este modo de ser a lo largo de la jornada, al ver a ese alto señor de pelo y barba blanca todo tiempo abrazando y abrazado, rodeado de cariño donde quiera que vaya.
Así también comenzamos nuestro encuentro con el Padre Pedro, abrazados y riendo como si nos conociéramos de toda la vida. No sé qué fue del formalismo, se cayó por ahi, se diluyó en los abrazos. Quedamos cautivados todos. Ya nuestros niños, no lo son y se expresan por si mismo. "No pensábamos que sería asi"... dijeron.
Al no saber que esperar de esta visita, las expectativas eran conservadoras. Siendo una persona con tamaña responsabilidad, tantos compromisos, visitas importantes y habiendo pedido solo conocerlo y unos minutos de su tiempo, pensamos que sería algo mas protocolar, más pasajero. Pero no, resultó hasta poco el tiempo, incluso se lamentaba que no pudieramos quedarnos mas. Estaba visiblemente encantado con el testimonio de familia, tan lejos de casa buscando acercar culturas y lo repitió varias veces.
Sentados en derredor, nos contó toda su emocionante historia. Compartimos el almuerzo, que sirvió el mismo. Recorrimos la inmensa Akamasoa, con sus barrios de dignas y bonitas viviendas, los centros de asistencia sanitaria, las escuelas, los centros deportivos, las canteras de piedra donde se trabaja duro. Una se ellas, la más emblemática, a la que llaman "la catedral" que tiene allá abajo, en el lecho de la gran excavación en la roca (a mano, a martillo) un altar para oficiar una misa especial a cielo abierto, que se realiza cada tanto. Sus misas también son famosas. Son una gran expresión de esperanza. Llenas de música, colores y la desbordante alegria de las cerca de diez mil personas que se juntan en lo que fuera un estadio para deportes. Él, no ha construido Iglesias, tiene una particular e interesante visión sobre la religión. El templo es la gente, el templo es Akamasoa.
Escribo estas lineas volando de vuelta a casa, en el cielo podria decir, pero lo mas parecido al cielo en cuanto al amor y la entrega, lo vi hace unos dias, alli, en las afueras de Antananarivo, de la mano del adorable padre Pedro, al que llaman el santo de Magadascar y considero que si su filosofia y ejemplo es seguido, y me refiero a buscar que la pobreza no se tape con dádivas interesadas, mentiras desinteresas o se la utilice con falsas ideologias, sino que se la enfrente con los pies en la tierra, como él mismo dice, para superarla con esfuerzo, con dignidad, no me caben dudas que la armonía real en nuestro mundo, tiene una oportunidad.
La despedida tuvo su toque mistico, fue saliendo del predio donde se celebran sus misas, ya con las ultimas luces del dia. Un grupo de niños practicaba en el coro y tal cual un milagro, si retrocedemos en el tiempo y recordamos que ese mismo lugar era un basural lleno de penurias, esa tarde el "aleluya" cantado con pasión, flotaba en el aire cuando, junto al abrazo de despedida, el padre Pedro nos regaló su bendición...


Nombre
E-mail
Comentario