ALDEA DE PESCADORES

El trayecto en canoa tiene como principal atracción al remero con dotes de gondolero, que le pone música al trayecto con alguna canción local y luego una versión poliglota de La bamba" , mezclando idiomas y entonaciones, pero poco importa la letra sino la alegría que le pone a su rol.
El paso por el manglar lo hace parecer a una recorrida por una farmacia, cada planta tiene su función medicinal. El manglar esta en pleno crecimiento, es época de lluvia y en la mezcla del agua salada y dulce esta su fuerza.
La aldea de pescadores esta tranquila, es cerca de medio día y el sol esta impiadoso, la sombra del árbol concentra a toda la familia. El pescador cose sus redes, los niños juegan y las mujeres preparan su típico cosmético para proteger el rostro del calor. Pacientemente rayan con una piedra corteza de tamarindo, que mezclado con agua conformará una pasta amarillenta con la que se cubrirán el rostro cual mascara facial. Ale es invitada a hacerse el tratamiento y a las posteriores burlas familiares responde "digan lo que quieran" no saben que fresco esta mi rostro. Los globos y chupetines van saliendo con cierto reparo, como haríamos si no nos alcanza para todos, pero por fortuna todo fluye en armonía. Nos muestran como construyen sus navíos, sus casas y su pequeño orden social. La aldea de pescadores es bastante mas grande de lo que parece y funciona bajo ciertas normas comunitarias.
Antes de partir nos hacemos de un poco de corteza y una piedra, el tratamiento vuelve a casa, como para que no digan que no les compro nada en los viajes. Si ven a Ale, por la calles de Resistencia, en el norte de Argentina, con la tez un poco amarillenta, no se preocupen, es solo su tratamiento de belleza malagasy.


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