PLAYA POST CICLÓN

Es evidente que las fotografías digitales son mas que benevolentes en muchos casos y este es uno, ya que volviéndolas a ver, no se aprecia ni el mar de zargazos (que queda en la otra parte del mundo, pero aquí pega el término): el agua está completamente turbia, llena de sedimento y por toda la playa se observan los despojos que dejó el ciclón de hace unos días. Aunque, en ausencia de sombrillas y reposeras, algunas ramas vienen más que bien para construir unos artesanales "amenities playeros". Mas allá de los locales que transitan caminando a paso tranquilo, principalmente mujeres portando sus canastos en sus cabezas, solo estamos nosotros allí, en rústica postura de día de playa, que no duraría mucho porque la fuerza del sol atravesaba cualquier proyector.
Los niños de la aldea vecina se acercan a merodear, primero con cierto reparo, que se volatiliza con el primer chupetín. - "Tenemos para todos?" pregunta Sabri, intuyendo lo que vendría. - "Si, de sobra" contesté. Aunque en el fondo, también intuía lo mismo.
Salieron corriendo, chupetines en boca y globos al viento a gritos de alegría hacia la aldea. Minutos después eramos invadidos y superados hasta agotar stock... Ya después de más de 20 días en África, teníamos en claro que nunca tendríamos suficientes globos y chupetines Por más que fueran muchos, siempre serian pocos. Pero más allta del número, los que quedaron en pequeñas manos azabaches le dieron sentido a su pequeña misión: ser un mimo, una caricia, un compartir...


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