ENCUENTROS CERCANOS...

Al ser uno de los viajes menos preparados, las sorpresas eran más sorpresa, aunque con las experimentadas en la primera etapa en el Golfo de Guinea, no es que estábamos muy ávidos de ellas y las expectativas volaban bajo. La recorrida por el parque nacional y el avistamiento de lemures sin que nos lloviera, ya había sido todo un éxito. Qué más pedir.
Cuando el primer lémur saltó a los hombros y se paró a husmear, apoyando sus patitas delanteras en la cabeza como acodados en la barra de un bar y buscando con la mirada quién tendría las bananas, todo fue una fiesta. El guía de la reserva tenía las bananas y estos pequeños tenían claro su rol. Rodeados por agua como si fuera una isla, viven en su habitat pero interactúan con los visitantes. Todo era tranquilo y armonioso, lo único que aceleraba el proceso eran los truenos, como diciendo: apuren que los estoy esperando. Sol y truenos, interesante combinación tropical.
Paso veloz por los cocodrilos (a esos mejor no tocarlos), saludos rápidos a las grandes tortugas de tierra, búsqueda sin pausa para encontrar a los mimetizados guecos y llegamos finalmente al emblemático camaleón de Magadascar, que se lució ante las cámaras. Corrida bajo las primeras gotas y la duda si la salida nocturna por la selva que nos habían prometido se suspendía con la lluvia... En la aventura, no se suspende nada, solo se le agregan emociones...


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