OVERLAND MAGADASCAR

El viaje hacia el interior de Magadascar comenzó con otro trayecto nocturno imprevisto, pero sin mayores complicaciones y sirvió para tener una idea de la realidad fuera de la luz natural. Solo las grandes ciudades tienen energía eléctrica e incluso ahí el alumbrado publico es inexistente. Se va el sol y con él toda la luz, mañana cuando vuelva a asomar comenzará de nuevo la vida en los poblados, aunque linternas y velas alargan la velada. Aquí si pega bien el término velada. Me explican que la energía es muy cara y lo que se utiliza es carbón vegetal, lo cual está generando una deforestación que pone en riesgo el futuro ecológico. Grandes bolsas de carbón están a la venta a lo largo de la ruta.
La luz del día viste de gala el bello paisaje que se compone principalmente de colinas, terrazas de cultivos, arrozales y sus casas típicas de simple pero elegante arquitectura, hechas de ladrillo que fabrican con la tierra que sacan para los arrozales. Todo es movimiento, todos tienen que hacer algo para ganarse su sustento diario. A su vez la vida del interior se ve pacífica, alegre, digna comparado con la aglomeración sobre la capital, donde la pobreza supera limites y con ello sus consecuencias. Pero dejemos esa parte para más adelante, cuando vayamos en busca del Padre Pedro, que ha cambiado la historia de miles. Magadascar tiene problemas como muchos países, pero tiene una belleza natural y humana muy especial, es la que vinimos a buscar.


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