LOST IN AFRICA

Asi se expresaba Sabrina en sus historias de Instagram reflejando las peripecias del viaje. Pero para los que cargamos más años y venimos de lo que para las nuevas generaciones son épocas remotas, las asociaciones están más relacionadas a la lectura. "Tribulaciones de un chino en China" recuerdo se llamaba uno de los tantos libros de mi infancia. Lo nuestro podría ser “Tribulaciones de 6 latinos en África” o como lo resumió Sabri: perdidos en Africa...
Vamos con el 100% de cruce de fronteras con problemas que mejor no ahondar. Ya perdí la cuenta de las veces que nos hemos quedado en la ruta por algún desperfecto mecánico. Ninguno de los locales se desespera, es parte de la vida, te dicen. En medio de la nada pueden aparecer en una motito un par de mecánicos que te devuelven la felicidad, pero solo dura unos kilómetros y volvemos a empezar. Vamos de liana en liana, pero una de esas lianas merece una mención especial.
Alguna vez y hace tiempo fue un Peugeot 505, de esos que uno mira y el sentido común diría: ni te subas, no creo que ni arranque y, mirando el interior agregaría: insisto, no te subas, aquí ni las bacterias sobrevivirían. Pero era el único disponible para seguir viaje, aceptaba meter todo el equipaje y llevar a tres. Dejamos perplejo al sentido común y partimos. Como adicional tortura al estar apiñados con las mochilas encima bajo el implacable calor africano de la siesta que hacía que el aire hirviera, teníamos el olor a combustion y gasolina, más algo que, lejos de ser música, se repetía una y otra vez en lo único eléctrico que funcionaba en ese auto y que justamente era el desafinado parlante trasero. Ahora, para el conductor, era una Ferrari. Pero la ruta no era Monza, sino una cinta asfáltica llena de baches, motos por doquier y camiones en una danza típica, en lo que podría definir como: "su propia armonía", acompañada con acordes de bocina, muuuchas bocinas. Pero aquí es donde uno se tiene que situar en un contexto donde los parámetros son otros, aceptarlos y aprender a convivir con ellos.
Donde la bocina es un aviso, no una agresión.
Donde todo lo que en occidente no pasaría el mínimo control, aquí ni siquiera existe.
Donde la gasolina se vende en botellas de vidrio al costado de la ruta, traída de contrabando desde Nigeria, y es en la mayor parte del norte de Benin, la único opción.
Donde el “si” puede ser “no” ya que en realidad es “no sé".
Donde la temperatura ambiente es lo normal, no el aire acondicionado que incluso no les gusta. Donde, si te dicen "desayunamos en la cafetería", no te esperes lo que tenés en mente.
Donde la mayoría vive día a día y tienen que hacer algo, lo que sea, para conseguir su sustento.
Donde los chicos que trabajan están en todos lados y los que todavía hacen de niños se divierten sin juguetes.
Es increíble la cantidad de niños que se ven por doquier, no tengo idea de la tasa de natalidad pero de seguro es altísima.
Como ya lo he mencionado, todo es tan heterogéneo que se hace homogéneo.
La idea era venir a esta parte del mundo para conocer las viejas tribus pero el universo decidio mostrarnos las realidad actual, sumergiéndonos de lleno en ella.
El 505 tambien se rompió y fue la primera vez que fue un alivio. Y en un pueblito conseguimos otro auto. De la Ferrari pasamos al "Lamborgini todo terreno". Este volaba y no se detenia ante nada. Llegamos muy tarde viajando de noche y el hotel Capricorne hacia juego con el 505.
Los ángeles de la guarda terminaron agotados ese día, y a mi me desafectaron de la organización del próximo viaje... si es que me llevan.


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