PUEBLITO DE HERREROS

Con el orgullo propio de quien ha creado con sus propias manos, el herrero expone su pala forjada con fuego y golpes de martillo desde el hierro virgen. Toda la familia colabora de alguna manera, su orgullosa esposa está feliz, mañana es día de mercado y su producción esta lista. Con esta pala fabrican una especie de azada con la que labran la tierra, el maíz es su base alimenticia. Saquemos un poco nuestra visión occidental del supermercado y volvamos a la esencia donde la mayoría de las cosas se producen trabajando la tierra y con una simple visión de subsistencia, como hace siglos, y solo una pequeña parte de lo necesaro para la vida de hoy en día, se consigue en los escuetos mercados de la pequeñas ciudades que vemos a nuestro paso.
El séquito de niños nos sigue por todos lados. Como era de prever, no hay cantidad de globos y chupetines que alcancen, si a eso sumamos a los tramposos que se abusan de su exceso de simpatía y nuestra falta de memoria llevándose el doble. Ordenar el caos se transforma en un juego, todos a formar fila, regenteados por algunos mayores que se suman a compartir el momento. Conectar tiene más que ver con la voluntad que con detalles técnicos, como compartir la misma lengua.


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