Perderse en la medina de Fez

No era un mero dicho, realmente es más fácil perderse que ubicarse… Callejuelas que parecen laberintos, comerciantes de todos los rubros imaginables… Texturas, sonidos, colores, aromas y olores que movilizan los sentidos. Un mundo de gente de rasgos y vestimentas diferentes en movimiento constante en todas direcciones. Mezquitas, Madrazas, casas y negocios de decenas, centenas y más de mil años… la universidad donde asistió Maimonides allí por el año 1100, por ejemplo, que data del 800 DC y es considerada la primera del mundo, si entendí correctamente. Entre sus contrastes resaltan también las curtiembres a cielo abierto, con sus fosas de colores, su hedor, su duro e insalubre trabajo y a la par, la confección de todo tipo de enseres de cuero que se venderán allí mismo, o bajo una marca de primera línea en una tienda del primer mundo.
Al caer el sol todo comienza a desaparecer hasta quedar casi vacía, el último llamado al rezo islámico llega desde los altoparlantes… mañana volverá resurgir como lo viene haciendo desde hace más de mil años.


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