El Palacio que no fue - India

Una de las metas esperadas en nuestro místico viaje por la India era pasar un par de días en un antiguo Palacio del año 1650 en el Fuerte de Jailsanmer situado en el desierto, al noreste de India, muy cerca de la frontera con Pakistán.

Luego de viajar unas 7 hs en nuestra camioneta para hacer poco más de 300 Km. llegamos prácticamente de noche a la zona de frontera, donde se hace más que evidente la no buena relación existente entre India y Pakistán. Tanques, camiones militares, baterías lanza misiles a ambos lados de la carretera y tal vez lo más “espeluznante” las bengalas que lanzaban iluminando los alrededores de las bases militares, casi como en una película.

Estando cerca ya del fuerte notamos que nuestro chofer, ángel guardián y para esa altura parte de la familia se empezaba a poner nervioso. Con su escasoIngléss nos trataba de explicar que él, no podía entrar al fuerte, que no podía llevarnos al hotel (el Palacio) a su vez, repetía su muletilla “no problem sir”, “no problem sir”. Estacionamos a las afueras del fuerte, hablaba por su celular en hindi y espantaba a cada rato al gentío que se agolpaba alrededor de la camioneta. Yo estaba en estado total de alerta tratando de entender la situación y la tropa muy cansada y con hambre.

Finalmente pude comprender que Subash no podía llevarnos porque no podía ingresar el vehículo al fuerte, de hecho, era imposible para cualquiera, ya que el fuerte era una maraña de estrechas callejuelas. La única manera de movernos era en los típicos Tuc-Tuc o autoricshaw (motos carrozadas). No quedaba otra, tuvimos que utilizar 3 Tuc-tuc uno para el equipo y nos dividimos en 2 equipos de tres... siempre un mayor con dos niños, y... que sea lo que Dios quiera... no dábamos más, ni teníamos opciones.

La entrada y recorrido por el fuerte, de noche en los tuc-tuc a toda velocidad, no nos vamos a olvidar nunca (la tenemos filmada). Es increíble como no chocan o matan alguno al paso. Parecía que íbamos en una especie de montaña rusa plana a “toda maquina”. Los chicos asustados..?? Para nada, para ellos fue lo más lindo del día.

Cuando paramos frente al “Palacio”... como expresarlo... imagínense una gran decepción en su vida y súmenle 5 personas que quieren asesinarte al mismo tiempo...

No era un Palacio, se llamaba “Shreenath Palace” para ser exacto. Una “guest house” o pensión atendida por sus propios dueños, en concreto era su casa y alquilaban un par de habitaciones restauradas. Lo que sí era seguro y cumplieron es que todo databa de 1650.

Traten de imaginarse el calor del desierto, el vaho del fuerte, mezcla de aguas servidas y bosta de vaca sagrada. Cansancio total y esta situación.

No teníamos otra, así que había que ponerle “onda”. Nos recibieron con la amabilidad típica de la India y nos dieron una llave de hierro de unos 20 cm. de largo, biennnnn antigua para abrir el candado de nuestra habitación, candado que si no era del 1650 del 1800 no pasaba. Para llegar a las habitaciones subimos por un estrecho pasadizo, arrastrando nuestro equipo.

La habitación era digna de Indiana Jones, realmente algo diferente. Como moderno le habían agregado un baño y tenía una especie de ventilador que con el agregado de agua intentaba enfriar el ambiente. Como estaba pesada la atmósfera por el calor y el encierro, intento abrir las ventanas pero me para un muchacho que traía una toallas, con un concreto “No sir!!” En un inglés medio, me explica que de noche no se abren las ventanas porque entran los murciélagos. De día si se puede. Con un argumento tan convincente, no intentamos abrir las ventanas y la verdad que tenía razón, acostados más tarde en la cama, se escuchaban los murciélagos “cuchicheando” y golpeando contra los vidrios.

Salimos a dar una vuelta para tratar de ver que podíamos comer... oferta había pero poco confiable y como regla básica cuando uno viaja por poco tiempo, cuidar la salud es esencial. Conseguimos unas bolsas de papas fritas que superaron “la prueba de estanqueidad”. La técnica era la siguiente: las aplastábamos asegurándonos que no se había perdido el vacío de paquete y por ende no habría entrado ninguna bacteria. Con esto y unas sopas deshidratadas “Quik” superamos la cena de esa noche en el Palacio...

A la mañana siguiente abrimos las ventanas y ohh sorpresa! teníamos vecinos!! y dormilones. Por el calor duermen en las azoteas de las casas tapados con mantas. Como todos los edificios están muy cerca uno del otro por las callejuelas,era casi como tenerlos al lado. ¿Cómo se arreglaron con los murciélagos? Ni idea.

De día el fuerte era otra cosa, lleno de vida y movimiento. Jailsanmer también conocida como la Ciudad Dorada, por su color amarillento. Es según nos dijeron elúltimoo fuerte autentico habitado en el mundo. Si bien estábamos en India al estar cerca Pakistán ciertas costumbres se mezclaban con las arábigas entre ellas el color de la construcción. En la antigüedad las altas murallas que cerraban sus puertas al atardecer protegían el congestionado “mundo interno” de viviendas y callejuelas. A las afuera todavía existe y lo visitamos el lago donde las caravanas se asentaban durante la noche y abrevaban sus camellos. Hoy muy afectado por las sequías producto de los cambios climáticos.

Hay mucho para contar. No paramos de deambular durante todo el día, esquivando vacas y sus "popos", encontrando de todo tipo de actividades y gente diferente. El vendedor de abanicos de plumas de pavo real, el señor de los Bigotes mas largos, la niña equilibrista, la boda, la sonrisa del Santón, los saris, los colores, etc. Todo, maravillosamente diferente, muy especial a nuestros ojos, mentes y corazones. Allí estaba El Palacio...


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